Mariana: Los Recuerdos De Un Viejo
Mariana guardó sus recuerdos en su cajón, para enterrarlos y no olvidarlos, dejarlos allí sencillamente. Lo comento con su amigo el León, adoptando una aptitud para apoyarla sonrió guardando el secreto, hace un tiempo quedo abstraída del mar con la mirada quieta en un vaso de agua dulce amarrilla, en realidad no quería más que reír sin importar porque, al fin y al cabo algunos seres suelen hacer eso para evadirse y volver a ellos después de burlar la vida sin que ella se de cuenta desde su tibio cristal húmedo.
Cada mañana de cada martes partía con dirección al oeste, -¡a casa!-, le decía con frecuencia León, y se iba lentamente enredando en los burdos recuerdos que dejaba caer en su ventana, siempre tuvo la impresión de que algunos ojos la acechaban desde las sombras del mundo, desde los rezos que dejo su abuela en la triste cocina llena de compasión por su situación, León la observaba y sus deseos incontrolables de rasgarle la garganta con sus garras de fiera llena de odio se volvían cada vez más incontrolables, pero realmente nunca supo expresar esa sensación y así calló lo que deseaba que supiera León y sabía que él intentaría dejarlo así.
La invitaba a subir a la luna y comer insectos junto a ella, para verla irse a través de los ruidos que dejan las animas en ese lugar, para volver con nuevos recuerdos que llenaban su cabeza, para revivirla cuando quedaba vacía de tanto odio. La noche antes de su partida al mundo de los sueños jugo un par de días con las estrellas juntándolas para cubrir su rostro, ya nada importaba si estaba con ella, desde el rincón que le confinaba la soledad llamaba su corazón a unirse a las vagas imágenes de su ser, descomponiendo su forma y volverse etéreo si acaso nunca lo recordaría.
Y así decidido a irse, la miro largamente a los ojos y se sumergió en su alma acaricio su ser junto a ella y lamió sus heridas, se entrego hasta incinerar sus huesos, cambio su forma y se fue. Mariana no volverá dijo para si mismo perdiendo su grito en los sonidos del mar, quiso evaporarse para no sentir nada y arrastrar un cadáver hasta quitarse el corazón y dárselo a los recuerdos, a buitres, a los gusanos… Adiós Mariana regresa con nuevos recuerdos para volver a la luna con ganas de morir junto a ti.
Mariana guardó sus recuerdos en su cajón, para enterrarlos y no olvidarlos, dejarlos allí sencillamente. Lo comento con su amigo el León, adoptando una aptitud para apoyarla sonrió guardando el secreto, hace un tiempo quedo abstraída del mar con la mirada quieta en un vaso de agua dulce amarrilla, en realidad no quería más que reír sin importar porque, al fin y al cabo algunos seres suelen hacer eso para evadirse y volver a ellos después de burlar la vida sin que ella se de cuenta desde su tibio cristal húmedo.
Cada mañana de cada martes partía con dirección al oeste, -¡a casa!-, le decía con frecuencia León, y se iba lentamente enredando en los burdos recuerdos que dejaba caer en su ventana, siempre tuvo la impresión de que algunos ojos la acechaban desde las sombras del mundo, desde los rezos que dejo su abuela en la triste cocina llena de compasión por su situación, León la observaba y sus deseos incontrolables de rasgarle la garganta con sus garras de fiera llena de odio se volvían cada vez más incontrolables, pero realmente nunca supo expresar esa sensación y así calló lo que deseaba que supiera León y sabía que él intentaría dejarlo así.
La invitaba a subir a la luna y comer insectos junto a ella, para verla irse a través de los ruidos que dejan las animas en ese lugar, para volver con nuevos recuerdos que llenaban su cabeza, para revivirla cuando quedaba vacía de tanto odio. La noche antes de su partida al mundo de los sueños jugo un par de días con las estrellas juntándolas para cubrir su rostro, ya nada importaba si estaba con ella, desde el rincón que le confinaba la soledad llamaba su corazón a unirse a las vagas imágenes de su ser, descomponiendo su forma y volverse etéreo si acaso nunca lo recordaría.
Y así decidido a irse, la miro largamente a los ojos y se sumergió en su alma acaricio su ser junto a ella y lamió sus heridas, se entrego hasta incinerar sus huesos, cambio su forma y se fue. Mariana no volverá dijo para si mismo perdiendo su grito en los sonidos del mar, quiso evaporarse para no sentir nada y arrastrar un cadáver hasta quitarse el corazón y dárselo a los recuerdos, a buitres, a los gusanos… Adiós Mariana regresa con nuevos recuerdos para volver a la luna con ganas de morir junto a ti.
0 comentarios