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el país de los elefantes

Ramón Amaya Amador (1916 – 1966), Un Claro Ejemplo Hacia El Camino De Mayo...

Ramón Amaya Amador (1916 – 1966), Un Claro Ejemplo Hacia El Camino De Mayo...

Ramón Amaya Amador fue un novelista nato. Concebía con una gran facilidad el argumento, el plan y los episodios fundamentales de sus obras. Asimismo, el trabajo de redacción, que para muchos escritores es una tarea laboriosa y de grandes esfuerzos, no le ofrecía mayores dificultades, pues Ramón Amaya Amador redactaba a chorros. Su técnica era la siguiente: primero preparaba un esquema general de la obra, luego escribía a mano, en un cuaderno, los capítulos de la misma. El manuscrito obtenido de esta manera era pasado a máquina por el autor y, para diferenciarlo de nuevas versiones, se cuidaba de escribir en él la siguiente frase: "Primer Bosquejo". El texto mecanografiado era sometido a una revisión completa y pasado nuevamente en limpio para enviarlo a la imprenta. Este trabajo le consumía al novelista de tres a cuatro meses, por lo cual durante la última etapa de su actividad, Ramón Amaya Amador escribió hasta tres novelas por año. Sus obras póstumas suman aproximadamente unas cinco mil páginas en total, las que incluyen no menos de veinte títulos, entre novelas, cuentos, obras de teatro, diarios personales y hasta poesías.

Ramón Amaya Amador nació en la ciudad de Olanchito, departamento de Yoro, el 29 de abril de 1916. Fue el producto de los amores clandestinos del cura Guillermo R. Amador y de María Isabel Amaya. Pasó la educación elemental en la escuela Modesto Chacón, de la referida ciudad, e inició estudios secundarios en el Instituto Manuel Bonilla, de La Ceiba, los que se vio obligado a interrumpir por motivos económicos. De las aulas secundarias salió para trabajar como maestro empírico en las escuelas rurales del Municipio de Olanchito. Con el objeto de no quedarse sin una base cultural que le permitiera aportar algo a su pueblo, Ramón Amaya Amador aprovechó las horas libres de su docencia campesina para leer cuanto libro puede encontrarse al alcance de su mano, lo cual no le resulta tan difícil, dada la inquietud intelectual que siempre ha caracterizado a Olanchito. El producto de estas lecturas y de este esfuerzo individual, fue el despertar de su vocación literaria, como lo confirman las numerosas colaboraciones remitidas por él al semanario El Atlántico, en 1941 dirigido en La Ceiba por Angel Moya Posas. Así se hizo escritor. Por eso, igual que Máximo Gorki, pudo hablar de "mis universidades", refiriéndose a la aldea y a la lucha de los aldeanos por un destino mejor.

La pedagogía no era la vocación de Ramón Amaya Amador, aunque lo caracterizaba una gran bondad y un extremado afecto por los niños. Para ser maestro de escuela, sobre todo en aquellos tiempos, le faltaba la autodisciplina que permite mantener conforme al espíritu pueblerino, virtud muy alejada de su carácter y temperamento. La vocación de Amaya Amador -lo hemos dicho ya- era la pedagogía de las letras. Por eso abandonó el aula y, mientras le era posible dedicarse por entero a ese magisterio, no menos difícil y elevado que el otro, tuvo que trabajar de cualquier cosa en los campos bananeros, principalmente en Palo Verde y Coyoles Central. Uno de esos trabajos fue el de regador de veneno, quizás el más duro y menos remunerado que entonces podía realizarse en el infierno de las bananeras. Consistía este trabajo -si es que no era una tortura- en asperjar las matas de banano con el famoso caldo bordelés, una solución a base de sulfato de cobre, que si bien tiene poderes para matar los gérmenes de la sigatoka, también los tiene para destruir el organismo de los hombres que lo aplican. Es indudable que la brutalidad de este trabajo y la observación directa de los estragos producidos por él en los "veneneros" más antiguos, influyó enormemente en la orientación, no sólo literaria, sino también ideológica, de Ramón Amaya Amador. Después de trabajar como peón en los campos bananeros inició su carrera de cuentista y su narración “La Nochebuena del Campeño Juan Blas” salió a la luz pública en el número 15 de la revista ANC, órgano de la Asociación Nacional de Cronistas, editada en Tegucigalpa y correspondiente al 31 de Diciembre de 1939.

El 8 de octubre de 1943 fundó, con su amigo Dionisio Romero Narváez, el semanario ALERTA, contando con la valiosa colaboración de su amigo Pablo Magín Romero, en el que se consagró a la defensa de los intereses de los trabajadores bananeros. Este paso, que puede considerarse insignificante en una época distinta a aquella, constituye una muestra formidable de la combatividad y la entrega incondicional de Ramón Amaya Amador a las causas de nuestro pueblo, pues entonces vivíamos bajo el terror de la dictadura encabezada por Tiburcio Carías Andino, quien se apoyaba en el desenfreno de los famosos "Comandantes de Armas", es decir, una banda de asesinos con autorizaciones en blanco para hacer su voluntad en cada pueblo. La aparición del semanario “ALERTA” bajo aquellas condiciones, significaba un desafío temerario, no sólo al poder de un régimen abiertamente despótico, sino también a los medios represivos de las compañías bananeras, las cuales disponían también de sus propios recursos en tal sentido. Prueba de ello es que, poco tiempo después de fundado el periódico, Amaya Amador fue detenido y llevado a las cárceles de La Ceiba, donde el Comandante de Armas respectivo -el famoso general Rufino Solís- ordenó darle una soberana paliza para obligarlo a retirarse de sus actividades revolucionarias. El parque central de la bella ciudad norteña fue testigo de semejante barbarie.

Pero Ramón Amaya Amador, naturalmente, no era hombre que iba a renunciar a sus convicciones por un culatazo. Lleno del ardor que todo revolucionario auténtico experimenta frente a la acción represiva de los enemigos de su pueblo, el escritor continuó firme en aquella desigual y quijotesca batalla. Hubo, entonces, lo de siempre: los planes secretos para quitarle la vida. Los amigos más cercanos salieron en su ayuda y, mediante oportunas reflexiones, lo hicieron desistir de la actitud de desafío con que él enfrentaba la situación. Obedeciendo a estos consejos, Ramón Amaya Amador salió al exilio en 1947. Guatemala -la sacrificada y mártir Guatemala de hoy- era por aquellos años el foco de atracción de los hombres con una conciencia progresista, pues en dicho país había comenzado, a partir de octubre de 1944, una revolución democrático-burguesa que estremeció las bases de las dictaduras semifeudales instauradas por el imperialismo norteamericano en todo el continente. Allí, aprovechando la relativa tranquilidad que le brindaba el proceso político guatemalteco, Amaya Amador inició formalmente su carrera literaria, en un nivel y en unas proporciones que hasta la fecha le había sido imposible poner por obra. Trabajó como editorialista de Nuestro Diario, durante el régimen democrático del Doctor Juan José Arévalo, entregando también sus colaboraciones al Diario de Centro América, El Popular Progresista y Mediodía.
Cuando en junio de 1954 cayó la revolución democrático-burguesa de Guatemala, con el gobierno de Jacobo Arbenz Guzmán, y bajo la conspiración de la Agencia Central de Inteligencia, coludida con las oligarquías terrateniente-burguesas del resto de Centroamérica, Ramón Amaya Amador se vio obligado a buscar refugio en Argentina, juntamente con otros compañeros del esfuerzo guatemalteco, en el que nuestro escritor había tenido señalada actuación, incluso echando mano del fusil. El exilio argentino fue más duro para Amaya Amador, pero aun en esas condiciones, el novelista continuó preocupándose por hacer obra y por perfeccionar sus medios expresivos. En Buenos Aires laboró en la editorial “Ariel” y en Sarmiento, un periódico de educación popular, editado en la ciudad de Córdoba.

En 1956, bajo la Junta Militar que puso fin al ridículo y despótico gobierno de Julio Lozano Díaz, se emitió una amnistía general que permitió el regreso al país de todos los emigrados políticos, Amaya Amador, siempre sediento de volver a su tierra: a su Honduras pequeñita y dolorida, aprovechó aquella circunstancia para reincorporarse a la Patria. El 19 de mayo de 1957, Ramón Amaya Amador retornó a Honduras, acompañado de su esposa Regina Arminda Funes, originaria de Córdoba, Argentina; en ese año ingresó a la redacción del diario El Cronista, de Alejandro Valladares, y fundó en Tegucigalpa, con Luis Manuel Zúniga, la revista Vistazo.

El Círculo Literario Hondureño le rindió un homenaje en el Paraninfo de la Universidad Nacional Autónoma en Tegucigalpa el 11 de noviembre de 1958, interviniendo en el acto el rector Lisandro Gálvez y los estudiantes universitarios Rafael Leiva Vivas, J. Delmer Urbizo y Oscar Acosta.

En esa oportunidad, Ramón Amaya Amador leyó un extenso discurso de agradecimiento en el que afirmaba que era la primera vez que en su patria recibía una honrosa distinción por sus trabajos en las letras y en la cultura. Este documento puede considerarse como su testamento literario.

En 1957 se fundó en Praga, Checoslovaquia, la Revista Internacional, órgano teórico e informativo de los partidos comunistas y obreros del mundo. Los organizadores solicitaron a varios partidos comunistas de América Latina el nombramiento de representantes para preparar la edición española de dicha publicación, la cual circula en ciento cincuenta países, consta de medio millón de ejemplares y se edita en veinticinco idiomas. El Partido Comunista de Honduras recibió esta solicitud en 1959 y la dirigencia del mismo acordó designar para el desempeño de tal trabajo al novelista Ramón Amaya Amador, tomando en cuenta que éste era militante de dicha organización desde que la misma se fundara en abril de 1954. Amaya Amador partió al cumplimiento de esta responsabilidad con mucho entusiasmo, aunque con el presentimiento de que ya no regresaría a su patria. La noche del 19 de abril de 1959, después de recibir los abrazos de despedida de sus amigos, escribió en su diario: "Esta es nuestra última noche en Tegucigalpa. ¿Hasta cuándo retornaremos a ella y en qué condiciones? Ni siquiera lo podría predecir porque el futuro es un enigma". Abandonó Tegucigalpa junto a su esposa Arminda y sus pequeños hijos: Aixa Ixchel y Carlos Raúl, para radicarse en Praga, Checoslovaquia, integrando la plana de redacción de la revista Problemas de la Paz y el Socialismo

Ciertamente, ese futuro enigmático le tenía deparado, siete años después, un accidente de aviación en el que perdería la vida. El 24 de noviembre de 1966, viajando de Bulgaria a Checoslovaquia, el avión Ylyushin 18 de la línea aérea búlgara Tabso, que lo conducía se estrelló en una colina próxima a la pequeña ciudad checa de Vratislava, pereciendo todos sus ocupantes, entre ellos Ramón Amaya Amador, y tres companeros de trabajo: el brasileno Pedro Motta Lima, el argentino Alberto Ferrari y el japonés Sigho Kadzito.

Ramón Amaya Amador publicó relativamente pocas obras a lo largo de su activísima y fecunda existencia. En 1950 editó Prisión Verde, su obra fundamental; en 1953 vio la luz su novela Amanecer, vinculada al proceso revolucionario guatemalteco; en 1959 salieron de las prensas dos novelas: Los Brujos de Ilamatepeque y Constructores. Por último, en 1962 apareció la malograda edición de Destacamento Rojo, novela sobre el surgimiento del Partido Comunista en Honduras, de la que apenas circularon unos pocos volúmenes, ya que la policía política del régimen presidido por Ramón Villeda Morales, decomisó la mayor parte del tiraje, efectuado en México. Su novela Operación Gorila, fue editada en ruso en 1970, faltando todavía la edición española. Naturalmente, aparte de estas publicaciones, Amaya Amador escribió numerosos artículos y ensayos, sobre todo de contenido político, los que fueron publicados, con seudónimo o con su propio nombre, en diversos órganos de prensa de Honduras y el extranjero.

La mayor parte de la obra escrita de Ramón Amaya Amador se encuentra aún inédita. Esa obra está en el archivo dejado por él en Praga. Algunos amigos de Honduras poseen también manuscritos, pero, según nuestra opinión, se trata de borradores o bosquejos elaborados antes de los años cincuenta y, en casi todos los casos, reelaborados por el escritor durante su permanencia en Checoslovaquia. Esos manuscritos tienen, pues, una importancia histórica, porque, si bien no contienen obras acabadas de nuestro novelista, si recogen el proceso creador del mismo. Alguna vez habrá que recogerlos para organizar la "Sala Ramón Amaya Amador" en lo que debe ser el Museo de Literatura Hondureña. Son, pues muy numerosas las obras no publicadas por el autor de Prisión Verde. Basándonos únicamente en el archivo de Praga, mencionamos los siguientes títulos: Biografía de un Machete (1959), Buscadores de Botijas (1961), Un Aprendiz de Mesías (1961), Tierras Bravas del Coyol (1962), Huellas Descalzas por la Aceras (1963), El Hombre Embotellado (1965), Tierra Santa (1965), Operación Gorila (1965), Jacinta Peralta (sin fecha), La Abanderada (sin fecha), Ciclo Morazánico (1966): tomo I, Los Rebeldes de la Villa de San Miguel; tomo II, El Sombrero de Junco; tomo III, La Paz y la Sangre; tomo IV, Sombras de la Montaña; tomo V, La Ultima Orden. Además de estos escritos, en el archivo existe un poema bastante largo, con el título: Poema Cósmico, sin fecha; hay tres volúmenes de apuntes de viajes, con el título: Hombres, Rumbos y Horizontes; y dos novelas inconclusas: El Ojo de Yerix (1959) y La Balanza del Truchero (sin fecha). Asimismo, hay tres obras de teatro: dos sin título y una bajo el nombre de La Mujer Mala (1959). Por último, Amaya Amador escribió un volumen sobre los problemas económicos, políticos y sociales de Honduras, titulado: La Ruta Histórica del Pueblo Hondureño.

Al hacer la evaluación crítica de las obras escritas por Ramón Amaya Amador es preciso señalar, en cumplimiento de la objetividad científica, que no se trata de un escritor extraordinario, en el que se conjuga el dominio de las técnicas literarias más avanzadas con el desarrollo de una temática siempre universal. Quien penetre en el mundo amadoriano impulsado por el deseo de encontrar cualquiera de estos dos elementos, lo más probable es que sufra una desilusión, por cuanto Amaya Amador fue un novelista espontáneo que, por razones del maldito subdesarrollo impuesto a nuestro país bajo la dominación neocolonial del imperialismo norteamericano, no pudo concurrir a los centros de cultura superior, donde, calzándose los guantes de la ciencia literaria, se aprende a escribir a la manera de las academias. Por eso es posible encontrar imperfecciones en sus obras o, mejor dicho, elementos que no coinciden con las características de un arte estudiado. Al analizar su producción es preciso tomar en cuenta esta circunstancia, no para asumir una actitud piadosa frente a él, sino para no cometer el error de anclar la mirada en la corteza de sus escritos, cuando lo importante es ir más allá, al fondo del esfuerzo productivo del autor.

Por otra parte, la temática desarrollada por Ramón Amaya Amador no es de esas que suelen calificarse de universales porque hunden sus raíces en los problemas de un hombre etéreo: habitante de todos los climas. En realidad, Amaya Amador tuvo un solo tema: el hombre hondureño, visto con la óptica del que contempla desde abajo, desde la entraña misma del pueblo. Por eso, la creación de nuestro novelista es frecuentemente filiada, en las taxonomías literarias al uso, dentro del "regionalismo", al que, para cumplir cabalmente la tarea, se le pega una tarjeta con la docta saliva del academicismo y se le manda al rincón donde descansa el "arte superado". A esto se debe, entre otras cosas, que las obras de Amaya Amador no siempre encuentran buena acogida en ciertos círculos intelectuales de nuestro continente, sobre todo aquellos que agitan los estandartes de la renovación total frente a un arte de sabor criollo, al estilo de Huasipungo, Los de Abajo, Doña Bárbara, Cuentos de Pago Chico, y tantos testimonios más de una temática que es siempre fecunda, como lo demuestra El Llano en Llamas, de Juan Rulfo.

Pero hay que decir más. La actividad literaria no tuvo en Amaya Amador un propósito esteticista. En realidad, ese trabajo fue para el escritor de Olanchito una forma de militancia revolucionaria; pero no cualquier forma, sino la más apasionada e importante. De su pluma no salió una sola palabra, una sola letra, que no estuviera dirigida a contribuir con eficacia a la lucha del pueblo hondureño contra sus explotadores, tanto nacionales como extranjeros. Sus páginas son todas militantes, les guste o no a quienes prefieren una literatura de oropeles, exhibicionista, similar a esas parejas que son capaces de embelesarnos con un cuadro de amor en el escenario, pero que se vuelven inútiles cuando se trata de repetirlo en la soledad de la alcoba. Amaya Amador no tocaba flautas para encantar serpientes: fue el novelista de la clase obrera hondureña y, por ello, sus obras, más que un arte puro, son el grito de combate de uno más de los soldados proletarios. Quien las quiera así, que las tome; quien no, que las deje, pues están destinadas al pueblo trabajador y éste sí sabe valorarlas.

Once años después de su muerte y tras arduas gestiones iniciadas por el poeta hondureño Oscar Acosta (en ese entonces Embajador de Honduras en España) y que duraron cuatro años, se logró la repatriación de los restos mortales de Ramón Amaya Amador los que fueron enviados de Checoslovaquia a Madrid y luego trasladados a Tegucigalpa en septiembre de 1977, permaneciendo la urna con las cenizas de Amaya Amador en la Sección Colección Hondureña de la Biblioteca de la UNAH.

La comisión encargada del traslado estaba integrada por Oscar Acosta; Rigoberto Paredes, Jefe del Departamento de Letras y Lenguas de la Universidad Nacional de Autónoma de Honduras; Héctor Hernández, Presidente del Sindicato de Trabajadores de la UNAH; Alejandro Gutiérrez, Secretario General de la Federación de Estudiantes Universitarios de Honduras, y Livio Ramírez Lozano, Agregado Cultural de la Embajada de Honduras en Madrid.
Sin embargo, la repatriación de los restos no impidió que durante casi una década más, sus obras fueran perseguidas. Debieron transcurrir otros catorce años para que el archivo principal con las obras inéditas de Ramón Amaya Amador escritas en su largo exilio pudiera regresar a Honduras.
En abril de 1991, en un acto solemne en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, el Presidente de la República, Lic. Rafaél Leonardo Callejas, recibió a nombre del pueblo de Honduras, más de veinte títulos inéditos que fueron repatriados desde la Casa de las Américas, La Habana, Cuba a donde fueron llevados desde Praga, Checoslovaquia.
Esta vez las gestiones iniciadas por Carlos Amaya Fúnez, hijo del escritor, fueron respaldadas por una comisión integrada por Oswaldo Martínez y Neptalí Orellana de Radio Progreso, Juan Ramón Durán, Director de la Escuela de Periodismo de la UNAH, David Romero de Diario Tiempo, Adelma Argueta, Diario La Prensa y el Dr. Víctor Ramos; quienes lograron el apoyo del gobierno de la República para agilizar y facilitar el traslado de las obras.
Ocho años después, y treinta y dos después de muerto, su pueblo y su gente se movilizaron para llevar a su definitiva morada las cenizas del notable escritor de Olanchito.
Una comisión de olanchitos presidida por el Prof. Esaú Juárez González e integrada por el Prof. Fabio Bernardino Cárcamo, Director de la Casa de la Cultura de Olanchito, Juan Carlos Medina, Vicepresidente del Sindicato Unificado de Trabajadores de la Standard Fruit Company; José Luis Bardales Cano; Rony Javier Cruz; Gustavo Sosa Martínez; Fernando Mac Lean; Geovana Spears; Santiago Manzanares; Raúl Cortes y Eduardo Manuel Cruz Martínez; organizó el retorno que tuvo lugar el 19 de mayo de 1999.

Desde 1966 se ha escrito mucho sobre la vida y obra de Ramón Amaya Amador, entre los que podemos mencionar a Dionisio Romero Narváez, el Prólogo de Longino Becerra aparecido en la 2ª edición de Prisión Verde, el ensayo biográfico de Max Sorto Batres, publicado por el Ministerio de Cultura y Turismo en 1990, y la extensa y documentada biografía realizada por su paisano Juan Ramón Martínez, que apareció bajo el sello de la Editorial Universitaria de la UNAH en 1995.

Ramón Amaya Amador, escribió 40 títulos y cientos de artículos periodísticos. Algunas obras se perdieron en los duros años de exilio del novelista hondureño en Guatemala y Argentina, unas pocas fueron publicadas en vida del autor (en distintos países e idiomas) y la mayoría de los títulos inéditos empezaron a publicarse con posterioridad a su muerte. Presentamos a continuación la lista completa de esos títulos.



León Trotsky Su Obra Y Ejemplo Viven En Nuestra Lucha por Pedro Rojas, San José, Costa Rica

León Trotsky  Su Obra Y Ejemplo Viven En Nuestra Lucha  por Pedro Rojas, San José, Costa Rica

"Natasha acaba de acercarse a la ventana desde el patio y la ha abierto más, para que el aire entre mejor en mi habitación. Puedo ver la verde franja de césped al pie del muro y el claro cielo azul encima de éste y la luz del sol en todas partes. La vida es hermosa. Que las futuras generaciones la limpien de todo mal, opresión y violencia, y la disfruten a plenitud"
León Trotsky. Testamento, 1940.
Las anteriores palabras las escribió Trotsky, pocos mese antes de su muerte. Para un hombre que perdió a sus mejores amigos y camaradas, sometido al exilio en un país lejano, presintiendo el seguro aniquilamiento hasta de sus hijos y parientes más cercanos en los campos de concentración stalinistas, mientras el mapa de Europa se teñía de negro con el avance de las hordas facistas en los albores de la II Guerra Mundial, sin duda sus palabras son un testimonio elocuente de optimismo revolucionario y de pasión por los más nobles ideales de la humanidad.
El 21 de agosto de 1940, a las 7:25 p.m., en la ciudad de México, muere asesinado a mansalva León Trotsky, quien contaba con 60 años de edad. El asesino de Trotsky se llamaba Ramón Mercader, un agente a sueldo de la G.P.U. (policía secreta stalinista), que utilizando el seudónimo de Jacson Mornard, se infiltró en la propia casa de Trotsky, haciéndose pasar por su partidario, con el pretexto de enseñarle un artículo periodístico. Golpeó a Trotsky en el cráneo con una piqueta de alpinista, y terminó así con la vida de uno de los más grandes revolucionarios del siglo XX.
El legado revolucionario de Trotsky
León Davidovitch Bronstein, con el seudónimo de Trotsky, fue junto con Vladimir Ilich Lenin, uno de los principales dirigentes del partido bolchevique, de la Revolución Rusa de octubre de 1917 que éste encabezó (cuyo 80 aniversario conmemoramos el presente año), del primer gobierno de trabajadores victorioso que ha conocido la humanidad y de la Internacional Comunista, conocida como la Tercera Internacional, que en su momento fue la organización revolucionaria mundial más avanzada y más fuerte que ha existido hasta la fecha. Trotsky fue un líder obrero revolucionario de primera fila. Fungió como presidente del Soviet (Consejo de Obreros y Campesinos) de la entonces capital rusa: Petrogrado, tanto en la primera Revolución Rusa derrotada de 1905 como en la triunfante de 1917, asimismo encabezó el Comité Militar Revolucionario que organizó la insurrección de octubre de 1917. Tras el derrocamiento del regimen zarista, asumió la cartera de relaciones exteriores en el primer gobierno soviético y posteriormente, fue el fundador del Ejercito Rojo que defendió al naciente Estado Obrero ante el ataque de 14 ejércitos y la intervención feroz de las potencias imperialistas.
En la Unión Soviética de los primeros años (1917-1923) existió un régimen revolucionario, que se caracterizó por la más amplia democracia obrera y por el internacionalismo proletario más consecuente. Las más plenas libertades democráticas para el movimiento obrero y para la creación artísticas, la independencia de los sindicatos con respecto al Estado, la fijación de que el salario de los funcionarios del estado, incluidos sus máximos exponentes, no podía exceder al de un obrero calificado, más las enormes conquistas sociales fruto de la expropiación de la burguesía y la planificación de la economía, permitieron sentar los cimientos para la construcción del auténtico socialismo.
No obstante la ofensiva de la contrarrevolución burguesa e imperialista, si bien no logró estrangular militarmente al estado soviético, le impuso condiciones de aislamiento internacional y una presión tan brutal, que creó las condiciones objetivas para que surgieran un tumor terrible al interior del Partido Comunista y del Estado soviético: la “Burocracia Stalinista”.
Las derrotas de la revolución obrera en Hungría, Polonia, Alemania e Italia, movimientos en los que se cifraron las mayores esperanzas de extensión de la revolución, crearon condiciones muy difíciles de aislamiento para el pueblo y el Estado soviético. Amparada en esas condiciones y en el atraso de las fuerzas productivas, en la sangría de la vanguardia bolchevique que entregó su vida en la guerra civil, en el desánimo y el cansancio de las propias masas, fruto de intensos conflictos y años de privaciones, nace una burocracia que, disfrazándose de comunista y usurpando a los ojos del mundo el prestigio de la Revolución Rusa, empieza a acumular enormes privilegios y a imponer a sangre y fuego el control totalitario sobre los trabajadores, las minorías nacionales y el conjunto de la sociedad. Esta burocracia la encabeza José Stalin.
Desde su lecho de enfermo, producto de sucesivos ataques de apoplejía, Lenin intentó combatir la creciente burocracia al interior del estado y del partido. No obstante, muere prematuramente en 1924. Trotsky, acosado por la dinámica conservadora de la "nomenclatura" estatal, se empieza enfrentar al Stalinismo, pero es derrotado, destituido, expulsado del Partido, exiliado y finalmente asesinado por el Stalinismo.
La vigencia de su lucha
El 3 de setiembre de 1938, en una reunión clandestina en la localidad de Perigny, suburbio de París, un puñado de revolucionarios, en condiciones sumamente adversas, encabezados por Trotsky, fundan la IV Internacional, la organización internacional de trabajadores que pretende darle coninuidad al marxismo revolucionario y contrarrestar su degeneración por parte del stalinismo y la socialdemocracia.
La farsa stalinista y sus incontables crímenes permaneció oculta durante décadas para muchísimos luchadores obreros y populares en todo el mundo. La caída de los regimenes mal llamados "socialistas" de la ex-URSS y Europa del este, y la profunda crisis y restauración capitalista que avanzan en Cuba y China, han puesto al desnudo la verdadera naturaleza del Stalinismo y los partidos comunistas que este cobijó.
Sin embrago, a pesar de que el Stalinismo asesinó a Trotsky, trató de borrar su papel en la historia soviética, persiguió implacablemente a sus partidarios y cubrió su nombre con montañas de calumnias, su obra está más vigente que nunca.
Porque no obstante de que hay un retroceso general del movimiento obrero y la izquierda a nivel mundial a Ilustración 2partir de la década de los noventa, los trotskistas, pese a nuestras modestas fuerzas y limitaciones, mantenemos los reductos más coherentes de resistencia a la ofensiva ideológica contrarrevolucionaria. Frente a la deserción de miles de ex-izquierdistas hoy reciclados o ganados por la socialdemocracia o la CIOSL, frente el culto a la concertación que cunde en las cúpulas sindicales que se alejan cada vez más de las aspiraciones y necesidades obreras, frente a la campaña falsa de los escribas del capitalismo anunciando el "fin de la historia y la muerte del socialismo", la realidad nos demuestra día a día que la lucha de clases sigue siendo el motor de los procesos sociales y las contradicciones que genera el sistema se vuelven cada vez más agudas, obligando a las masas a defenderse frente a la ofensiva brutal que despliega contra sus derechos más elementales.
La aplicación de la "globalización", los planes de ajuste y reconversión, la flexibilización laboral y todas las medidas que aplican los capitalistas en el mundo para esclavizar a los trabajadores, están generando la resistencia de la clase obrera y el pueblo en múltiples formas, desde el levantamiento palestino, pasando por las enormes movilizaciones en Francia, hasta las poderosas huelgas de los obreros industriales coreanos.
No prometemos más nada a los trabajadores que lo siguiente: seguiremos luchando en esa perspectiva. Seguiremos el ejemplo de Trotsky, levantando la bandera del socialismo con democracia obrera, contra toda forma de explotación capitalista y opresión burocrática.




Compañero Edickson hasta el socialismo siempre!

Compañero Edickson hasta el socialismo siempre!

Edickson Roberto Lemus, 41 años, Secretario General de la Regional Progreso de la Central Nacional de Trabajadores del Campo y miembro del Partido de los Trabajadores, fue asesinado por matones a sueldo el martes 24 de mayo del 2005 de cuatro balazos en la cabeza cuando se encontraba en un bus de ruta urbana de El Progreso, Yoro, dirigiéndose a apoyar al grupo campesino Renacer.
El grupo Renacer, integrado por madres solteras y miembros de la tercer edad, fue desalojado por orden de la Juez titular del Juzgado de Letras seccional, Abogada Lesbia Cubas el pasado jueves 19 de mayo de la tierra que ocupaban en el sector de Pajuiles en El Progreso. Sus champas fueron destruidas, sus pertenencias robadas y quemadas. El terreno en disputa fue ocupado por particulares armados a nombre de la Cooperativa Las Palmas, por recomendación de la misma jueza Lesbia Cubas, quienes se dedicaron a amenazar a los compañeros del grupo y a los directivos regionales de la CNTC que llegaron a brindarles apoyo, ante la falta de presencia policial.

Negligencia de las autoridades

Debido a la peligrosa situación creada por las autoridades, se solicitó la presencia del Comisionado de los Derechos Humanos para que verificara las irregularidades y solicitara a la autoridad policial verificar la identidad de las personas armadas que se encontraban en el predio así como verificar sus permisos de portación de armas. A pesar de haberse interpuesto esta solicitud a la oficial de turno nada cambió en Pajuiles y por el contrario los ocupantes del terreno se dedicaron a amenazar armas en mano a los compañeros campesinos y a los directivos regionales.
Pese a los antecedentes del caso, a las solicitudes de la Junta Directiva Regional de la CNTC y de la Asamblea Popular Permanente, a las denuncias públicas hechas por los medios de comunicación locales y a las constantes amenazas de muerte vertidas por las personas armadas en el predio en disputa, ninguna autoridad hizo absolutamente nada facilitando la labor de los asesinos a sueldo.

Sicarios profesionales

El asesinato de Edickson Lemus no fue obra de la casualidad ni de un enfrentamiento, fue un crimen premeditado, planificado cuidadosamente y llevado a cabo por asesinos profesionales que actuaron con impunidad, con el objetivo absolutamente claro de infundir el terror en los miembros de la CNTC y el movimiento popular, al realizarse en horas de mediodía en un bus urbano lleno de pasajeros en su mayoría escolares. El cuerpo sin vida de nuestro compañero permaneció más de una hora y media sin ser identificado debido al retardo con el que actuó la fiscalía en el reconocimiento del cadáver.
Por su parte, la policía preventiva, contrario a lo que ocurre en otros casos, no implementó ninguna medida dirigida a la búsqueda de los autores del crimen y por el contrario trataron de confundir a la opinión pública afirmando que podía tratarse de “un ajuste de cuentas o venganza personal”. Todos los indicios apuntan a Natividad Hernández, un ex militar, que organizó el grupo de sicarios armados con armas de grueso calibre en el predio en disputa.
La Dirección General de Investigación Criminal y la Fiscalía remitieron a los Juzgados de El Progreso, a Mario Roberto Gómez Cruz, acusado de haber dado muerte a Edickson Lemus. En los próximos días se presentarán las pruebas para que sea juzgado.
Las organizaciones campesinas y populares exigen que la investigación continúe hasta conocer el motivo del asesinato, los cómplices del mismo y los autores intelectuales. Al mismo tiempo se exige la protección a los testigos y del acusado.
Este primer resultado es consecuencia directa de la presión nacional e internacional para el esclarecimiento del crimen.
Desde joven Edickson se identificó con las causas populares que lo llevaron a proponer y luchar por la creación de un instituto oficial de segunda enseñanza en Urraco Pueblo que hoy es el instituto Azcona, para que los hijos de los obreros agrícolas y los campesinos tuvieran acceso a la educación gratuita.
Luego se identificó con la lucha campesina, organizándose en la CNTC desde donde participó en las luchas de Tacamiche, Guaymas y Guanchías en el sector de El Progreso, en la década de mediados de los 90.
El huracán Mitch lo obligó, junto a sus compañeros de los grupos campesinos San Miguel, Las Delicias y 24 de Mayo a trasladarse al municipio de Potrerillos donde debieron impulsar una nueva lucha, esta vez como damnificados. Resultado de la misma es la comunidad El Triunfo en dicho municipio que se ha convertido en un modelo de comunidad caracterizada por la solidaridad, el trabajo común y la identificación con las causas populares. En esta comunidad, Edickson cifraba sus principales esperanzas, habían logrado tener una escuela y estaba impulsando la construcción de una biblioteca para contribuir a la lucha contra la ignorancia tan común en el campo hondureño.
Fuera del sector campesino se destacó como constructor, desde sus inicios, de la máxima expresión de lucha unitaria, la Coordinadora Nacional de Resistencia Popular, siempre apostó por la lucha unitaria del movimiento popular. Acompañó las luchas de los docentes y los estudiantes siendo encarcelado junto a éstos. Se solidarizó con los sindicalistas y los pobladores, y a todos los sectores en lucha llegaba a motivarlos y alegrarlos con su particular forma de cantar las consignas.
Conciente que las luchas populares no pueden quedarse sólo en lo reivindicativo, sumó sus esfuerzos al Partido de los Trabajadores para hacer avanzar la conciencia política de los explotados desde donde estaba impulsando las candidaturas de izquierda y los luchadores de la alianza del Partido Unificación Democrática con el Partido de los Trabajadores.

¡unidad y tierra, justicia y libertad!
¡sangre de martíres, semilla de libertad!
¡Edickson vive, la lucha sigue!


Mariana: Los Recuerdos De Un Viejo

Mariana guardó sus recuerdos en su cajón, para enterrarlos y no olvidarlos, dejarlos allí sencillamente. Lo comento con su amigo el León, adoptando una aptitud para apoyarla sonrió guardando el secreto, hace un tiempo quedo abstraída del mar con la mirada quieta en un vaso de agua dulce amarrilla, en realidad no quería más que reír sin importar porque, al fin y al cabo algunos seres suelen hacer eso para evadirse y volver a ellos después de burlar la vida sin que ella se de cuenta desde su tibio cristal húmedo.
Cada mañana de cada martes partía con dirección al oeste, -¡a casa!-, le decía con frecuencia León, y se iba lentamente enredando en los burdos recuerdos que dejaba caer en su ventana, siempre tuvo la impresión de que algunos ojos la acechaban desde las sombras del mundo, desde los rezos que dejo su abuela en la triste cocina llena de compasión por su situación, León la observaba y sus deseos incontrolables de rasgarle la garganta con sus garras de fiera llena de odio se volvían cada vez más incontrolables, pero realmente nunca supo expresar esa sensación y así calló lo que deseaba que supiera León y sabía que él intentaría dejarlo así.
La invitaba a subir a la luna y comer insectos junto a ella, para verla irse a través de los ruidos que dejan las animas en ese lugar, para volver con nuevos recuerdos que llenaban su cabeza, para revivirla cuando quedaba vacía de tanto odio. La noche antes de su partida al mundo de los sueños jugo un par de días con las estrellas juntándolas para cubrir su rostro, ya nada importaba si estaba con ella, desde el rincón que le confinaba la soledad llamaba su corazón a unirse a las vagas imágenes de su ser, descomponiendo su forma y volverse etéreo si acaso nunca lo recordaría.
Y así decidido a irse, la miro largamente a los ojos y se sumergió en su alma acaricio su ser junto a ella y lamió sus heridas, se entrego hasta incinerar sus huesos, cambio su forma y se fue. Mariana no volverá dijo para si mismo perdiendo su grito en los sonidos del mar, quiso evaporarse para no sentir nada y arrastrar un cadáver hasta quitarse el corazón y dárselo a los recuerdos, a buitres, a los gusanos… Adiós Mariana regresa con nuevos recuerdos para volver a la luna con ganas de morir junto a ti.


El País De Los Elefantes

En el país de los elefantes
Hay muchas hormigas
Atravesando sus puentes
Atravesando la luz.

En el país de los elefantes
Existe una raza extraña
De vagabundos ausentes
Que ríen cuando están solos.

El volcán de sus amores
Ocultos de las sombras
Construye aquellos paisajes
Urbanizando la soledad.

Y es sus ojos animales
Las apocalípticas bestias
Cargan alegres fusiles
Para “CONSTRUIR” esta ciudad